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Dificultad en la salvación de las vidas  
¿Quién no es un Lider ? El Líder y los Jóvenes
Que es un Lider Juvenil El líder  y su Familia
¿Que podrias hacer en tus Reuniones? Donde Estan los Evangelistas
 

 

Dificultades en la Salvación de las Alamas

 

Varias veces, mis queridos hermanos, hemos dirigido la palabra sobre el tema de la salvación de las almas y el nobilísimo oficio de ganarlas. ¡Qué todos vosotros se conviertan, en este aspecto, en poderosos cazadores ante el Señor, y traigan a muchos pecadores al Salvador! Hoy, quiero decirles unas cuantas palabras sobre los obstáculos que hallamos en nuestro camino cuando intentamos ganar almas para Cristo.

 
(i) Indiferencia. Estos obstáculos son numerosos, y me es imposible hacer una relación completa de ellos. Pero el primero, y uno de los más difíciles de vencer, es la indiferencia y el letargo de los pecadores. No to. dos los hombres son igualmente indiferentes. Es cierto que existen algunas personas que parecen tener una especie de instinto religioso que ejerce en ellos una influencia para el bien, mucho antes que tengan un amor verdadero por las cosas espirituales. Mas hay lugares, especialmente en los distritos rurales, en donde prevalece la indiferencia, y semejante estado de cosas existe en ciertas áreas urbanas también. No se trata de incredulidad; no, esta gente no se preocupa lo suficiente por la religión siquiera para oponerse a ella. No les importa qué predicas, o dónde predicas; porque no sienten el menor interés al respecto. No piensan en Dios, y no les importa nada de El ni del servicio que le deben, sólo usan su nombre para profanarlo. Frecuentemente, he advertido que es malo para cualquier intento religioso todo lugar donde hay poca actividad y vida. Entre los negros de Jamaica cuando no tenían mucho trabajo, poca prosperidad habla en las iglesias. Podría enumerar distritos, no muy lejos de aquí, donde la actividad es escasa, y se ve que allí prospera poquísimo la vida espiritual. A todo lo largo del valle del río, hay lugares donde uno puede matarse en predicar sin que se vean apenas resultados debido a que no hay por allí mucha actividad en nada.

 

Ahora bien, cuando ustedes se tropiecen con la indiferencia en el lugar donde predican, cosa que es muy posible, una indiferencia que afecte a su congregación y que alcance aún a los propios ancianos, ¿Qué van a hacer? Su única esperanza para poder vencer es tener más ardor ustedes mismos. Mantengan vivo su propio celo; que sea vehemente, ardiente, llameante, un celo consumidor. Despierten de algún modo a la gente, y si todo su ardor parece ser en vano, continúen llameando y sigan ardiendo a pesar de todo; y si no causa efecto en sus oyentes, vayan a otro lugar a donde Dios quiera enviarles. Esta indiferencia o letargo que se posesiona de la mente de algunos hombres, muchas veces produce una influencia perjudicial en nuestra predicación; pero debemos hacer todo lo posible por luchar contra ella, tratando de despertar tanto a nuestros oyentes como a nosotros mismos. Prefiero al adversario del evangelio si es sincero y ferviente, y no el hombre despreocupado e indiferente. No se puede hacer gran cosa con una persona que no quiera hablar de religión, o no venga a oír lo que uno tiene que decirle sobre las cosas de Dios.

 

(ii) Incredulidad. He aquí otro obstáculo muy importante. Está escrito del Señor Jesús que, cuando estaba en 'su tierra', no hizo allí muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos". Este mal, que mora en todos los corazones no regenerados, se manifiesta en algunos hombres en una forma muy marcada. Piensan algo en la religión, pero no creen en la verdad de Dios que les predicamos. Su propia opinión pesa más para ellos, y es más digna de crédito que las declaraciones inspiradas de Dios; no admiten nada de lo que ha sido revelado en las Escrituras. Estas personas son muy difíciles de convencer, pero les advierto que no los combatan con las armas de ellos. No creo que los incrédulos puedan ser ganados con razonamientos, y si alguna vez sucede, es una rareza.

 

El argumento que convence a los hombres de la realidad de la religión es aquel que deducen de la santidad y el ardor de quienes profesan ser discípulos -. de Cristo. Los incrédulos suelen, como principio, atrincherar sus mentes contra los asaltos de la razón; y si nosotros utilizamos el púlpito para discutir con ellos, a menudo haremos más mal que bien. Con toda seguridad, sólo una pequeña parte de nuestro auditorio entenderá lo que tratamos, y mientras que nosotros intentamos hacerles bien a éstos, lo más probable es que estemos enseñando la incredulidad a otros que no saben nada de estas polémicas, de modo que su conocimiento de ciertas herejías será aquel que saldrá de nuestros labios. Es posible que nuestra refutación del error no sea perfecta, y muchas mentes jóvenes se tiñan de incredulidad con su fe que con su razón; por su certeza y su proceder conforme a su convicción de la verdad harán mucho más bien que por cualquier razonamiento, por poderoso que éste sea.

 

Hay un amigo que suele venir a oírme todos los domingos. "¿,Que le parece? -me dijo un día- usted eq el único que me conduce a pensamientos más elevados, y sin embargo, considero que es usted muy malo, ya que no siente por mi la más mínima simpatía -. "Efectivamente -le dije- o por lo menos no siento la menor simpatía por su incredulidad". "Eso me hace confiar en usted, porque temo seguir siendo como hasta ahora; pero cuando veo su fe serena, y contemplo cómo Dios lo bendice al ejercerla, y sé de cuanto lleva a cabo por el poder de ella, me digo: "Juan, eres un necio".

 

"Tiene usted mucha razón al opinar así le dije- y cuanto antes piense como yo, tanto mejor; porque no hay mayor necio que el que no cree en Dios". Uno de estos días espero verlo convertido; hay entre nosotros una continua batalla, mas yo nunca respondo a ninguno de sus razonamientos. Una vez le dije: "Si usted cree que soy un embustero, puede creerlo, si así le place; pero yo testifico lo que conozco, y declaro lo que he visto, gustado, palpado y sentido; y usted debería creer en mi testimonio, porque yo no sacaría nada engañándole". Empero si yo le hubiera disparado con los perdigones de la razón, hace tiempo que este hombre me habría derrotado. Así, pues, les aconsejo que combatan la incredulidad con la fe y la falsedad con la verdad; no recorten ni cepillen el evangelio para intentar encajarlo en las necedades y fantasías de los hombres.

 

(iii) Morosidad. Un tercer obstáculo que impide nuestra lucha por las almas es esa fatal demora de los hombres. No sé si quizás este mal es peor y más general que la indiferencia y la incredulidad que ya hemos tratado. Muchos hombres nos dicen lo que Félix dijo a Pablo: "Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré". Estos llegan a la frontera, y parecen dar algunos pasos dentro de la tierra de Emanuel; pero, a pesar de ello, esquivan nuestras invitaciones v se marchan diciendo: "De acuerdo, lo pensaré; pronto haré mi decisión". Lo mejor es presionar a los hombres para que lleguen a una decisión inmediata, instándoles a resolver de una vez esta cuestión de importancia vital. No importa si critican su doctrina; no pueden errar al predicar cuanto Dios enseña, y Su Palabra dice: 'He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación'.

 

Falsa Confianza.

 

Esto me lleva a mencionar otro obstáculo en la conquista de almas. En realidad se trata del anterior, pero visto desde otro ángulo; a caber: la seguridad carnal. Muchos hombres se imaginan que están a salvo de cualquier peligro; no han examinado a fondo los cimientos sobre los cuales edifican para ver si son fuertes y firmes, pero suponen que todo está bien. Si no son buenos cristianos, pueden decir al menos que son mucho mejor que algunos que se hacen llamar así; y si llega a faltar algo en ellos, siempre están a tiempo de darse un retoque y arreglarse adecuadamente para comparecer ante la presencia de Dios. De este modo, no tienen temor; o, si llegan a tenerlo, es momentáneo, pues no viven en continuo terror de ser arrojados de la presencia del Seiíor y de Su gloria, lo cual será su merecido castigo y si no se arrepienten y creen en el Sefíor Jesucristo.

 

Contra éstos, nuestra voz debería tronar día y noche. Digámosles claramente que el incrédulo pecador ya ha sido condenado", y que ciertamente perecerá

por toda una eternidad, si no se rinde a Cristo. Deberíamos predicar de forma que hiciéramos temblar en sus asientos a los pecadores; y si no vinieran al Salvador, cuando menos lo pasarían mal mientras estuvieran alejados de El. Me temo que a veces prediquemos cosas muy placenteras, demasiado consoladoras y agradables, y que no presentamos ante los hombres como debiéramos el peligro inminente en que se encuentran. Si dejamos así de manifestarles todo el consejo de Dios, al menos parte de la responsabilidad de su ruina caerá sobre nuestras cabezas.

 

 

El Joven y el Liderazgo

 

¡Cómo ser un líder juvenil y no morir en el intento!

 



¿Dónde están los evangelistas?

 

Por Fernando Alexis Jiménez

elheraldo1@yahoo.com.mx

 

La veía todas las mañanas barriendo el antejardín de su casa. Era alegre y muy amable. Con apenas setenta años de edad, reflejaba ganas de vivir. Se llamaba Mary y jamás pase de un corto saludo: “Buenos días” o “Buenas tardes”. Alguna vez pensé hablarle sobre la obra redentora de Jesucristo, pero inmediatamente reflexioné (admito, de manera egoísta): “En otra ocasión será”. Y nunca llegó esa ocasión...porque Mary

fue hospitalizada repentinamente.

 “El próximo sábado la visitaré en el hospital y le compartiré sobre la Salvación que hay en Cristo Jesús”, medité. Pero tampoco se dio la ocasión...Doña Mary murió el viernes en la tarde y nunca le hice partícipe del mensaje de Redención...No le di la oportunidad que conociera al Salvador...

 Igual ocurrió con mi abuelo materno. En el funeral estábamos mi hermano y yo. Era irónico. El, un sacerdote y este servidor, un pastor y evangelista. El, católico, yo protestante. Y lo más grave: ni mi hermano ni yo le hablamos jamás de Jesucristo.

 Le decíamos lo bien que se veía su semblante, de su evidente disminución de peso y cuantos halagos más venían a nuestra cabeza, pero no le compartimos lo más importante: Que Jesús había muerto por sus pecados y le abría las puertas a una nueva vida, y cuando cruzara el umbral de la muerte, el camino a la eternidad. Y falleció cuando menos lo esperábamos. No puedo decirle dónde se encuentra, porque es probable que al igual que yo nadie la habló nunca de Jesucristo.

  

Un excelente predicador, pero...

 

Estos dos incidentes que estoy seguro le habrán ocurrido a muchos cristianos más, marcaron mi vida.

 Hoy reflexiono ¿Qué ocurrirá con muchos de nosotros cuando lleguemos a la presencia del Señor?

 Se abrirá la puerta de la eternidad y probablemente entraremos solos ¿La razón? Porque nuca pasamos de ser un buen cristiano, un líder excepcional o un excelente predicador y nada más... En el púlpito, fabulosos expositores de la Palabra, pero le predicamos siempre a las mismas personas que se dan cita en el culto.

 ¿Y las almas que se pierden? Allá, en la calle, mientras que usted y yo probablemente nos limitamos a predicar en las cuatro paredes del templo. Estamos al amparo de un auditorio que no nos costó esfuerzo reunir, mientras que afuera las vidas de millares de seres humanos caminan hacia la perdición, dominados por un vacío e incertidumbre absolutas.

 Miles se dirigen al infierno y nosotros, Biblia en mano, reservamos los “poderosos” mensajes a unos cuantos que vemos cada día en el templo. Parecemos socios y directivos del “exclusivo club social” en el que hemos convertido nuestras congregaciones.

  

A toda criatura

 Cuando nuestro Señor Jesucristo delegó en sus discípulos, y en todos nosotros, la misión de predicar las Buenas Nuevas de Salvación. Hizo particular énfasis en que no se hicieran excepciones: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Su mandato fue claro y no dio lugar a marginar a nadie de este llamado a una Nueva Vida.

 El evangelio debe ser compartido al mendigo, al raponero, a la prostituta, al conductor de transporte urbano, y por supuesto, a nuestra familia. Numerosos pasajes de la Escritura señalan que los primeros que recibían el Mensaje de Redención eran los más próximos (Lea Juan 1:43-51; Hechos 10:24, 33; 16:29-34).

 Bajo ninguna circunstancia debe pasar un día sin que le hablemos al mundo del poder transformador del Evangelio. Esa persona con la que habló hoy sobre diversos temas, seguro no la volverá a ver. Lo grave es que desconocemos cuánto tiempo más morirá... Y si muere esta noche sin aceptar a Jesucristo como su único y suficiente Salvador... ¡Usted puede marcar una diferencia para esa vida! ¡Háblele de Jesús a todos!

 No olvide que los campos están blancos para la siega.

 

Algunas notas prácticas de cómo asumir rápida, responsable, animosa y creativamente el rol de líder juvenil.
Colaboración enviada por Giovanni y Dinora Cabrera

Una pequeña introducción.
Mi nombre es Giovanni Cabrera y junto a mi esposa, Dinora, conducimos el grupo juvenil en nuestra iglesia.

Esto no ha sido un jardín de rosas, pero tampoco ha sido un desierto cruel e imposible de sobrevivir. Lo que sí ha sido hasta hoy es una gran oportunidad de servir a Dios y a mis prójimos a través del servicio del amor.

Escribo estas pequeñas notas por pedido de mi amigo Alex Valdovinos que requiere una guía para nuevos lideres.

Ese es tu caso.

Empecemos por lo básico...
 


¿Quién NO es un líder?
1. Un tirano no es un líder.
La persona a quien la gente obedece por temor a un castigo o represalia no es un líder, porque sin el castigo nadie lo seguiría.

2. Un guía turístico no es un líder.
Una persona que saca a pasear a otro grupo de personas no es un líder, porque ese paseo no tiene objetivos concretos y directos.

3. Un sabelotodo no es un líder.
Sin duda podrá dictar majestuosas charlas llenas de sabiduría, pero ¿quién sabe si su auditorio le escucha (si es que existe auditorio)?

4. Un político no es un líder.
Un líder no se vale de su elocuencia y de la simpatía que muchos le tienen para llegar a sus muy particulares y egoístas intereses.


¿Quién es un líder?
Tras las descripciones anteriores, podemos notar algunas peculiaridades que un líder sí tiene sobre su grupo y por tales peculiaridades, es posible, hacer que el grupo le siga.

El líder es una persona que brinda amor, teniendo objetivos claros, concretos y directos, además de la capacidad de atraer la atención de los demás, aún cuando sus palabras no sean majestuosas o rebuscadas, porque sabe decir las cosas en el momento indicado y que no tiene intenciones particulares sino que piensa en el bien común de quienes le siguen.

El líder es aquel a quien todos siguen y que con o sin palabras logra mover a las personas hacia un objetivo, que las beneficia a sí mismas.

Viene a mi mente el líder modelo: Cristo. Este hombre es capaz de mover millares de personas hacia un objetivo y aún no ha dejado de hacerlo.


¿Quién es un líder juvenil?
La persona que logra dirigir a los jóvenes a un objetivo que mejore sus vidas cristianas y su comunión con Cristo. Esto logra hacerlo con amor, seguridad y sencillez.

Ahora, la pregunta del millón: ¿Porqué yo?
Esa es una pregunta que sólo Cristo puede responder. Si despiertas en un día común y te encuentras con la "pequeña diferencia" que ahora eres un líder de jóvenes, debo decirte, que, aunque la idea te abrume, Dios tiene un propósito contigo.

Conozco a una persona a quien le pasó esto:

Era un hombre común y corriente que vivía modestamente, pero un día vio una señal del Señor y le intrigó tanto que quiso saber como sucedía esa señal.

Mientras lo investigaba, una voz le llamó por su nombre y él respondió: "Heme aquí"

Aunque su respuesta sugería disposición, su corazón latía a mil por hora y se llenó de temor.

Cuando el Señor escuchó la frase "Heme aquí", la tomo como un "sí" y le explicó: "No creas que no me he fijado en las angustias de mis hijos y en la opresión en la que viven a causa de los egipcios, así que, ve tú, y habla en mi nombre a Faraón para que deje ir a mi pueblo."

¡¡Correcto!! Estoy hablando de Moisés.

El caso es que él sintió miedo, ¡¡Puso tantas excusas...!!

Pero tu conoces la historia: No ha habido otro libertador tan grande como Él (excepto Jesús, claro está). A El se le atribuye la emancipación del pueblo de Israel y se le conoce como el fundador de la nación.

Sin embargo el no era muy distinto a ti ni a mí, le temblaban las piernas y no creyó que fuera capaz inicialmente.

¿Cuál fue el éxito de su liderazgo?
Muy sencillo: Disposición y sometimiento para Dios.

Puedes inventarte mil y una cosas, pero si no tienes estos dos elementos, vas rumbo al fracaso.

Al igual que Moisés no lo sabemos todo en esta "ciencia" de dirigir, pero estas cosas son como papel y lápiz en la escuela del liderazgo y las únicas que necesitas para aprender en el camino.

Un plan de trabajo efectivo es aquel que se apega lo más que se puede a la Voluntad de Dios.

Aún cuando Saulo de Tarso, tenía enormes capacidades como la elocuencia, altos conocimientos y el extraordinario celo por las "cosas de Dios", eso no lo era todo.

Faltaba una cosa: LA VOLUNTAD DE DIOS en su ministerio.

Asimismo, tu puedes tener muchas capacidades y destrezas para explotar en tu grupo juvenil, sin embargo, es necesario comenzar por el principio.

Si ya entendiste que Dios te ha llamado, entonces es el momento de elevar la sabia pregunta que hizo Saulo: ¿Señor, qué quieres que yo haga? Con esto te pones a disposición de la voluntad de Dios.

El ministerio que ahora diriges comenzará a ser guiado por el Espíritu Santo. Los resultados serán reales, aunque puede que no sean los que tu esperabas; y eso es normal, porque este árbol dará los frutos del Espíritu Santo y no los que tu habías pensado.

Ahora que entiendes esto, es tiempo de tomar papel y lápiz, poner tus rodillas sobre el piso y pedirle al Señor que te ayude a diseñar un buen plan de trabajo adecuado a los propósitos que Él tiene con sus jóvenes.

Alguien dijo que un buen plan de trabajo es como un buen mapa para el buen viajero: siempre te indica por donde debes ir, y siempre llegas al lugar indicado.


Hablemos un poco de lo que harás en las reuniones juveniles.
Un plan de trabajo necesita actividades y las actividades deben ser guiadas por el Espíritu Santo para que surtan efectos positivos.

Algunas ideas que nos han funcionado y que tu puedes adaptar para las actividades juveniles son:

1. Nunca avergüences a ningún joven en público. Si alguien hizo algo incorrecto y necesitas llamarle la atención, hazlo siempre en privado.

2. En la reunión juvenil acomoda a los jóvenes en círculo, para que cada uno este sentado "en primera fila".

3. Trata que cada reunión sea distinta a las anteriores.

4. Titula tus actividades con nombres creativos y llamativos.

5. No invites a hermanos adultos que se encarguen de criticar las actitudes de los jóvenes; si has de invitarlos, asegúrate que sean personas adultas que apoyarán la actividad y que no harán sentir mal a los jóvenes.

6. Toma en cuenta a cada joven en la reunión y llámales por su nombre.

7. Haz publicidad, anuncia anticipadamente las reuniones juveniles en un cartel llamativo; y si es posible, haz una invitación personalizada con el nombre de cada uno para la reunión de jóvenes.

8. Sonríe siempre, no dejes que se noten tus problemas, toma un tiempo con Dios para relajarte y poner sobre Él tus cargas y luego ve a la reunión juvenil.

9. Conversa con todos los que puedas antes y después de la reunión juvenil.

10. Visita a quienes faltan si es posible.

11. Apóyate en un par de jóvenes que tengan deseos de colaborar contigo y compárteles el objetivo que Dios te ha dado.

12. Dirige tú la reunión, no permitas que el grupo la dirija, sin previa planificación.

13. No permitas que tu reunión juvenil sea solo un sitio recreativo, sino además, conviértelo en un momento de reflexión y ministración.

No importa que tan novedosa sea tu reunión juvenil, nunca deben faltar la exposición de la Palabra del Señor y la Adoración a Él.

A continuación te planteo varias actividades que puedes realizar con jóvenes:

1. Debates.
Fíjate en un tema que sea polémico para los jóvenes de tu iglesia, haz las consultas e investigaciones necesarias junto a un par de jóvenes que te colaboren y organiza un debate con distintos ponentes (de entre ellos, deben haber investigado previamente el tema), y dirige al grupo hacia una conclusión. Esto es realmente motivador.

2. Foros.
Invita a un par de predicadores que dominen el tema de tu interés para participar en un foro en una reunión juvenil y observa como se pone de interesante.

3. Paseos.
Organiza salidas en los que abunden los juegos y la convivencia entre ellos mismos, busca un lugar apartado y un momento para reflexionar.

4. Videos.
Organiza sesiones de videos, consigue un televisor grande, una video casetera y muéstrales una película de preferencia corta pero con mensaje sustancial.

5. Tarde de Alabanza.
Organiza una tarde de alabanza en tu comunidad y apóyate en todos los jóvenes que puedas para las distintas tareas que esto incluye.

6. Dinámicas y juegos.
Cuida que nunca falten juegos y dinámicas en las reuniones juveniles que ilustren el tema del cual quieres hablar con ellos, es como una introducción perfecta para la reflexión del día.

7. Reuniones en las casas.
Organiza pequeños devocionales en los hogares de los jóvenes con previa autorización de sus padres y del joven mismo, llevando contigo a todo el grupo juvenil. Puedes realizar dos o tres reuniones en una misma tarde.

8. Vigilia.
Organiza una vigilia juvenil, pero sin programa convencional, trata de que el tiempo pase de tal forma que no se note.

9. Sketch. Organiza reuniones tipo "sketch": Lee, investiga o inventa una situación que ilustre tu enseñanza y dramatízala junto a ellos.


Ahora hablaremos del sermón en la reunión juvenil.
El sermón es la parte dura de la reunión juvenil, tus palabras se hacen cada vez más y más pesadas, sin embargo, siempre puede haber reflexión y meditación sin aburrimiento.

He aquí algunas ideas claves y muy importantes para meditar en la Palabra del Señor en una reunión juvenil, sin que los jóvenes se duerman:

1. Nunca tardes más de quince minutos en la meditación.
Lo de los quince minutos no es ley, pero trata de ser lo más breve, preciso y directo que se pueda. No quiero decirte que no son capaces de escuchar atentamente un sermón de mucho tiempo, pero para eso hace falta muuuuucha motivación. Los jóvenes se parecen a los niños, es un arte mantenerlos quince minutos quietos.

2. Usa una ilustración.
A modo de introducción del mensaje cuenta siempre una pequeña historia que ilustre tu punto principal, verás como cautiva la atención de los jóvenes y en poco tiempo antes del plato fuerte, ellos ya tienen una idea sobre qué vas a hablar y quieren escuchar lo que sigue.

3. Promueve el respeto en la meditación.
No permitas desórdenes a la hora de la reflexión, porque es el momento que el Espíritu Santo les hablará a ellos.

4. Usa preguntas.
Intrígalos con una pregunta, plántales una duda y resuélvela en el momento de la reflexión, se llevarán el mensaje en el corazón.

5. No les leas, nárrales.
Cuando tu sermón se base en una historia bíblica, no se la leas, lee en la Biblia el desenlace de la historia, pero cuéntales con carisma la historia, cautívalos, haz sobresalir los puntos curiosos de la historia, investiga datos que no se detallen en la escritura sobre esa historia y cuéntaselos, ponle sentimiento a la historia y ellos se grabarán el mensaje.

El último ingrediente para la buena dirección del ministerio juvenil es las relaciones con tu mundo próximo.

Si realmente deseas un ministerio de bendición debes promover armonía en tu ambiente, porque el Señor mismo nos invita a la comunión con los nuestros.


Tú y los jóvenes
Conviértete en un amigo para ellos, un confidente y consejero.

No te sorprendas de lo que te cuentan (te contarán cosas que nadie más sabe, quizás cosas de las que ellos se avergüenzan.)

Practica la entropía, es decir, "ponte tú en el lugar de ellos."

Corrígeles cuando sea necesario, pero hazlo con amor, no con odio o ira. Ten cuidado, es posible amar y herir al mismo tiempo.

Confía en ellos, si te fallan, vuelve a confiar en ellos, eso es lo que les permite la auto superación: La confianza que otros ponen en ellos. Eso es lo que hace Cristo cuando pedimos perdón por nuestros pecados.


Tú y tu familia
Vive en armonía con tu familia, no descuides la comunión con ellos, porque ellos pueden ser una valiosa herramienta que Dios use en tu ministerio, y te apoyarán cada vez más a medida que vayan entendiendo.

Tu familia no son los jóvenes, sino el grupo de personas con las que convives desde que naciste, por ello, merecen conocer tu visión y llamado de Dios.

Ríe y llora con ellos, ámales, minístrales y ora por ellos.

Si eres casado(a), no descuides el amor de tu cónyuge. Comparte con él / ella, tus ideas y visión. Háblale del llamado de Dios a tu vida, si es posible comparte tu ministerio con tu pareja. Aparta tiempo a solas con tu pareja y otro tiempo a solas con tu familia (familiares e hijos)

Si eres soltero, hazle sentir a tu familia que el ministerio no es una salida de escape ni el sustituto de la familia, mejor dales a ellos el lugar que se merecen y aparta un tiempo para convivir con ellos. ¡Recuerda que Dios creó primero a la familia!

Si tienes una familia no creyente en Cristo, apégate afectivamente a ellos y demuéstrales así tu pasión por Cristo y el ministerio que te dio. Dales un buen ejemplo, se buen hijo, buen vecino y ciudadano. Tarde o temprano, ellos querrán ser como tú y llegaran a los pies de Cristo por medio de tu testimonio, recuerda la promesa y ora por ella "... serás salvo tú y toda tu casa."

Nunca les prediques al estilo "sermón dominical", es decir, no los sientes a escuchar tus sermones teológicos, mejor acércate uno a uno y platícales de tus logros e impedimentos para que vean la obra que Cristo hace en ti.

No los desprecies nunca por no creer en Cristo, ámales tal cual ellos son para que el Señor no tenga estorbo en la obra.

Cuando alguno de ellos enferme, ora por ese miembro de tu familia con mucha fe, talvez Dios quiera hacer una obra especial en esa enfermedad.


Tú y el Pastor
Debes recordar que una de nuestras obligaciones como creyentes es "obedecer a las autoridades" y eso incluye al Pastor.

Sin embargo, eso no debe quedar en obediencia solamente. Hazte un amigo del Pastor, sus labores son parecidas a las nuestras, pero no son las mismas.

Si consigues la amistad del Pastor, tienes su apoyo, pero no es esa la razón principal de hacerse amigo de él, sino porque es más fácil obedecer a un amigo que a un jefe.

Este principio lo vemos en Cristo, Él les dijo a sus discípulos "les llamaré amigos" y mira todo lo que ellos hicieron por Él, más aún, fíjate en lo que Jesús mismo estuvo dispuesto a hacer por sus amigos.

Es más saludable una relación de amistad, además eso da buen testimonio de ti como creyente.

Si tratas al Pastor como jefe, él te tratará como subalterno y si lo tratas como amigo, él te tratará como amigo también.


Giovanni y Dinora Cabrera

 

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