 |
El Joven y el Liderazgo
|
¡Cómo ser un líder
juvenil y no morir en el intento!
|
|
¿Dónde están los
evangelistas?
Por
Fernando Alexis Jiménez
elheraldo1@yahoo.com.mx
La veía todas las
mañanas barriendo el antejardín de su casa. Era alegre y muy
amable. Con apenas setenta años de edad, reflejaba ganas de
vivir. Se llamaba Mary y jamás pase de un corto saludo: “Buenos
días” o “Buenas tardes”. Alguna vez pensé hablarle sobre la obra
redentora de Jesucristo, pero inmediatamente reflexioné (admito,
de manera egoísta): “En otra ocasión será”. Y nunca llegó esa
ocasión...porque Mary
fue hospitalizada repentinamente.
“El próximo sábado
la visitaré en el hospital y le compartiré sobre la Salvación
que hay en Cristo Jesús”, medité. Pero tampoco se dio la ocasión...Doña
Mary murió el viernes en la tarde y nunca le hice partícipe del
mensaje de Redención...No le di la oportunidad que conociera al
Salvador...
Igual
ocurrió con mi abuelo materno. En el funeral estábamos mi
hermano y yo. Era irónico. El, un sacerdote y este servidor, un
pastor y evangelista. El, católico, yo protestante. Y lo más
grave: ni mi hermano ni yo le hablamos jamás de Jesucristo.
Le decíamos lo
bien que se veía su semblante, de su evidente disminución de
peso y cuantos halagos más venían a nuestra cabeza, pero no le
compartimos lo más importante: Que Jesús había muerto por sus
pecados y le abría las puertas a una nueva vida, y cuando
cruzara el umbral de la muerte, el camino a la eternidad. Y
falleció cuando menos lo esperábamos. No puedo decirle dónde se
encuentra, porque es probable que al igual que yo nadie la habló
nunca de Jesucristo.
Un excelente
predicador, pero...
Estos dos incidentes que estoy
seguro le habrán ocurrido a muchos cristianos más, marcaron mi
vida.
Hoy reflexiono ¿Qué
ocurrirá con muchos de nosotros cuando lleguemos a la presencia
del Señor?
Se abrirá la
puerta de la eternidad y probablemente entraremos solos ¿La
razón? Porque nuca pasamos de ser un buen cristiano, un líder
excepcional o un excelente predicador y nada más... En el
púlpito, fabulosos expositores de la Palabra, pero le predicamos
siempre a las mismas personas que se dan cita en el culto.
¿Y las almas que
se pierden? Allá, en la calle, mientras que usted y yo
probablemente nos limitamos a predicar en las cuatro paredes del
templo. Estamos al amparo de un auditorio que no nos costó
esfuerzo reunir, mientras que afuera las vidas de millares de
seres humanos caminan hacia la perdición, dominados por un vacío
e incertidumbre absolutas.
Miles se dirigen
al infierno y nosotros, Biblia en mano, reservamos los
“poderosos” mensajes a unos cuantos que vemos cada día en el
templo. Parecemos socios y directivos del “exclusivo club
social” en el que hemos convertido nuestras congregaciones.
A toda criatura
Cuando
nuestro Señor Jesucristo delegó en sus discípulos, y en todos
nosotros, la misión de predicar las Buenas Nuevas de Salvación.
Hizo particular énfasis en que no se hicieran excepciones: “Y
les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda
criatura”. Su mandato fue claro y no dio lugar a marginar a
nadie de este llamado a una Nueva Vida.
El evangelio debe
ser compartido al mendigo, al raponero, a la prostituta, al
conductor de transporte urbano, y por supuesto, a nuestra
familia. Numerosos pasajes de la Escritura señalan que los
primeros que recibían el Mensaje de Redención eran los más
próximos (Lea Juan 1:43-51; Hechos 10:24, 33; 16:29-34).
Bajo
ninguna circunstancia debe pasar un día sin que le hablemos al
mundo del poder transformador del Evangelio. Esa persona con la
que habló hoy sobre diversos temas, seguro no la volverá a ver.
Lo grave es que desconocemos cuánto tiempo más morirá... Y si
muere esta noche sin aceptar a Jesucristo como su único y
suficiente Salvador... ¡Usted puede marcar una diferencia para
esa vida! ¡Háblele de Jesús a todos!
No olvide que los
campos están blancos para la siega.
Algunas notas prácticas de cómo asumir rápida, responsable,
animosa y creativamente el rol de líder juvenil.
Colaboración enviada por Giovanni y Dinora Cabrera
Una pequeña introducción.
Mi nombre es Giovanni Cabrera y junto a mi esposa, Dinora,
conducimos el grupo juvenil en nuestra iglesia.
Esto no ha sido un jardín de rosas, pero tampoco ha sido un
desierto cruel e imposible de sobrevivir. Lo que sí ha sido
hasta hoy es una gran oportunidad de servir a Dios y a mis
prójimos a través del servicio del amor.
Escribo estas pequeñas notas por pedido de mi amigo Alex
Valdovinos que requiere una guía para nuevos lideres.
Ese es tu caso.
Empecemos por lo básico...
¿Quién NO es un líder?
1. Un tirano no es un líder.
La persona a quien la gente obedece por temor a un castigo o
represalia no es un líder, porque sin el castigo nadie lo
seguiría.
2. Un guía turístico no es un líder.
Una persona que saca a pasear a otro grupo de personas no es un
líder, porque ese paseo no tiene objetivos concretos y directos.
3. Un sabelotodo no es un líder.
Sin duda podrá dictar majestuosas charlas llenas de sabiduría,
pero ¿quién sabe si su auditorio le escucha (si es que existe
auditorio)?
4. Un político no es un líder.
Un líder no se vale de su elocuencia y de la simpatía que muchos
le tienen para llegar a sus muy particulares y egoístas
intereses.
¿Quién es un líder?
Tras las descripciones anteriores, podemos notar algunas
peculiaridades que un líder sí tiene sobre su grupo y por tales
peculiaridades, es posible, hacer que el grupo le siga.
El líder es una persona que brinda amor, teniendo objetivos
claros, concretos y directos, además de la capacidad de atraer
la atención de los demás, aún cuando sus palabras no sean
majestuosas o rebuscadas, porque sabe decir las cosas en el
momento indicado y que no tiene intenciones particulares sino
que piensa en el bien común de quienes le siguen.
El líder es aquel a quien todos siguen y que con o sin palabras
logra mover a las personas hacia un objetivo, que las beneficia
a sí mismas.
Viene a mi mente el líder modelo: Cristo. Este hombre es capaz
de mover millares de personas hacia un objetivo y aún no ha
dejado de hacerlo.
¿Quién es un líder
juvenil?
La persona que logra dirigir a los jóvenes a un objetivo que
mejore sus vidas cristianas y su comunión con Cristo. Esto logra
hacerlo con amor, seguridad y sencillez.
Ahora, la pregunta del millón: ¿Porqué yo?
Esa es una pregunta que sólo Cristo puede responder. Si
despiertas en un día común y te encuentras con la "pequeña
diferencia" que ahora eres un líder de jóvenes, debo decirte,
que, aunque la idea te abrume, Dios tiene un propósito contigo.
Conozco a una persona a quien le pasó esto:
Era un hombre común y corriente que vivía modestamente, pero un
día vio una señal del Señor y le intrigó tanto que quiso saber
como sucedía esa señal.
Mientras lo investigaba, una voz le llamó por su nombre y él
respondió: "Heme aquí"
Aunque su respuesta sugería disposición, su corazón latía a mil
por hora y se llenó de temor.
Cuando el Señor escuchó la frase "Heme aquí", la tomo como un "sí"
y le explicó: "No creas que no me he fijado en las angustias de
mis hijos y en la opresión en la que viven a causa de los
egipcios, así que, ve tú, y habla en mi nombre a Faraón para que
deje ir a mi pueblo."
¡¡Correcto!! Estoy hablando de Moisés.
El caso es que él sintió miedo, ¡¡Puso tantas excusas...!!
Pero tu conoces la historia: No ha habido otro libertador tan
grande como Él (excepto Jesús, claro está). A El se le atribuye
la emancipación del pueblo de Israel y se le conoce como el
fundador de la nación.
Sin embargo el no era muy distinto a ti ni a mí, le temblaban
las piernas y no creyó que fuera capaz inicialmente.
¿Cuál fue el éxito de su liderazgo?
Muy sencillo: Disposición y sometimiento para Dios.
Puedes inventarte mil y una cosas, pero si no tienes estos dos
elementos, vas rumbo al fracaso.
Al igual que Moisés no lo sabemos todo en esta "ciencia" de
dirigir, pero estas cosas son como papel y lápiz en la escuela
del liderazgo y las únicas que necesitas para aprender en el
camino.
Un plan de trabajo efectivo es aquel que se apega lo más que se
puede a la Voluntad de Dios.
Aún cuando Saulo de Tarso, tenía enormes capacidades como la
elocuencia, altos conocimientos y el extraordinario celo por las
"cosas de Dios", eso no lo era todo.
Faltaba una cosa: LA VOLUNTAD DE DIOS en su ministerio.
Asimismo, tu puedes tener muchas capacidades y destrezas para
explotar en tu grupo juvenil, sin embargo, es necesario comenzar
por el principio.
Si ya entendiste que Dios te ha llamado, entonces es el momento
de elevar la sabia pregunta que hizo Saulo: ¿Señor, qué quieres
que yo haga? Con esto te pones a disposición de la voluntad de
Dios.
El ministerio que ahora diriges comenzará a ser guiado por el
Espíritu Santo. Los resultados serán reales, aunque puede que no
sean los que tu esperabas; y eso es normal, porque este árbol
dará los frutos del Espíritu Santo y no los que tu habías
pensado.
Ahora que entiendes esto, es tiempo de tomar papel y lápiz,
poner tus rodillas sobre el piso y pedirle al Señor que te ayude
a diseñar un buen plan de trabajo adecuado a los propósitos que
Él tiene con sus jóvenes.
Alguien dijo que un buen plan de trabajo es como un buen mapa
para el buen viajero: siempre te indica por donde debes ir, y
siempre llegas al lugar indicado.
Hablemos un poco de lo que harás en las reuniones juveniles.
Un plan de trabajo necesita actividades y las actividades deben
ser guiadas por el Espíritu Santo para que surtan efectos
positivos.
Algunas ideas que nos han funcionado y que tu puedes adaptar
para las actividades juveniles son:
1. Nunca avergüences a ningún joven en público. Si alguien hizo
algo incorrecto y necesitas llamarle la atención, hazlo siempre
en privado.
2. En la reunión juvenil acomoda a los jóvenes en círculo, para
que cada uno este sentado "en primera fila".
3. Trata que cada reunión sea distinta a las anteriores.
4. Titula tus actividades con nombres creativos y llamativos.
5. No invites a hermanos adultos que se encarguen de criticar
las actitudes de los jóvenes; si has de invitarlos, asegúrate
que sean personas adultas que apoyarán la actividad y que no
harán sentir mal a los jóvenes.
6. Toma en cuenta a cada joven en la reunión y llámales por su
nombre.
7. Haz publicidad, anuncia anticipadamente las reuniones
juveniles en un cartel llamativo; y si es posible, haz una
invitación personalizada con el nombre de cada uno para la
reunión de jóvenes.
8. Sonríe siempre, no dejes que se noten tus problemas, toma un
tiempo con Dios para relajarte y poner sobre Él tus cargas y
luego ve a la reunión juvenil.
9. Conversa con todos los que puedas antes y después de la
reunión juvenil.
10. Visita a quienes faltan si es posible.
11. Apóyate en un par de jóvenes que tengan deseos de colaborar
contigo y compárteles el objetivo que Dios te ha dado.
12. Dirige tú la reunión, no permitas que el grupo la dirija,
sin previa planificación.
13. No permitas que tu reunión juvenil sea solo un sitio
recreativo, sino además, conviértelo en un momento de reflexión
y ministración.
No importa que tan novedosa sea tu reunión juvenil, nunca deben
faltar la exposición de la Palabra del Señor y la Adoración a Él.
A continuación te planteo varias actividades que puedes
realizar con jóvenes:
1. Debates.
Fíjate en un tema que sea polémico para los jóvenes de tu
iglesia, haz las consultas e investigaciones necesarias junto a
un par de jóvenes que te colaboren y organiza un debate con
distintos ponentes (de entre ellos, deben haber investigado
previamente el tema), y dirige al grupo hacia una conclusión.
Esto es realmente motivador.
2. Foros.
Invita a un par de predicadores que dominen el tema de tu
interés para participar en un foro en una reunión juvenil y
observa como se pone de interesante.
3. Paseos.
Organiza salidas en los que abunden los juegos y la convivencia
entre ellos mismos, busca un lugar apartado y un momento para
reflexionar.
4. Videos.
Organiza sesiones de videos, consigue un televisor grande, una
video casetera y muéstrales una película de preferencia corta
pero con mensaje sustancial.
5. Tarde de Alabanza.
Organiza una tarde de alabanza en tu comunidad y apóyate en
todos los jóvenes que puedas para las distintas tareas que esto
incluye.
6. Dinámicas y juegos.
Cuida que nunca falten juegos y dinámicas en las reuniones
juveniles que ilustren el tema del cual quieres hablar con ellos,
es como una introducción perfecta para la reflexión del día.
7. Reuniones en las casas.
Organiza pequeños devocionales en los hogares de los jóvenes con
previa autorización de sus padres y del joven mismo, llevando
contigo a todo el grupo juvenil. Puedes realizar dos o tres
reuniones en una misma tarde.
8. Vigilia.
Organiza una vigilia juvenil, pero sin programa convencional,
trata de que el tiempo pase de tal forma que no se note.
9. Sketch. Organiza reuniones tipo "sketch": Lee, investiga o
inventa una situación que ilustre tu enseñanza y dramatízala
junto a ellos.
Ahora hablaremos del sermón en la reunión juvenil.
El sermón es la parte dura de la reunión juvenil, tus palabras
se hacen cada vez más y más pesadas, sin embargo, siempre puede
haber reflexión y meditación sin aburrimiento.
He aquí algunas ideas claves y muy importantes para meditar en
la Palabra del Señor en una reunión juvenil, sin que los jóvenes
se duerman:
1. Nunca tardes más de quince minutos en la meditación.
Lo de los quince minutos no es ley, pero trata de ser lo más
breve, preciso y directo que se pueda. No quiero decirte que no
son capaces de escuchar atentamente un sermón de mucho tiempo,
pero para eso hace falta muuuuucha motivación. Los jóvenes se
parecen a los niños, es un arte mantenerlos quince minutos
quietos.
2. Usa una ilustración.
A modo de introducción del mensaje cuenta siempre una pequeña
historia que ilustre tu punto principal, verás como cautiva la
atención de los jóvenes y en poco tiempo antes del plato fuerte,
ellos ya tienen una idea sobre qué vas a hablar y quieren
escuchar lo que sigue.
3. Promueve el respeto en la meditación.
No permitas desórdenes a la hora de la reflexión, porque es el
momento que el Espíritu Santo les hablará a ellos.
4. Usa preguntas.
Intrígalos con una pregunta, plántales una duda y resuélvela en
el momento de la reflexión, se llevarán el mensaje en el corazón.
5. No les leas, nárrales.
Cuando tu sermón se base en una historia bíblica, no se la leas,
lee en la Biblia el desenlace de la historia, pero cuéntales con
carisma la historia, cautívalos, haz sobresalir los puntos
curiosos de la historia, investiga datos que no se detallen en
la escritura sobre esa historia y cuéntaselos, ponle sentimiento
a la historia y ellos se grabarán el mensaje.
El último ingrediente para la buena dirección del ministerio
juvenil es las relaciones con tu mundo próximo.
Si realmente deseas un ministerio de bendición debes promover
armonía en tu ambiente, porque el Señor mismo nos invita a la
comunión con los nuestros.
Tú y los jóvenes
Conviértete en un amigo para ellos, un confidente y consejero.
No te sorprendas de lo que te cuentan (te contarán cosas que
nadie más sabe, quizás cosas de las que ellos se avergüenzan.)
Practica la entropía, es decir, "ponte tú en el lugar de ellos."
Corrígeles cuando sea necesario, pero hazlo con amor, no con
odio o ira. Ten cuidado, es posible amar y herir al mismo tiempo.
Confía en ellos, si te fallan, vuelve a confiar en ellos, eso es
lo que les permite la auto superación: La confianza que otros
ponen en ellos. Eso es lo que hace Cristo cuando pedimos perdón
por nuestros pecados.
Tú y tu familia
Vive en armonía con tu familia, no descuides la comunión con
ellos, porque ellos pueden ser una valiosa herramienta que Dios
use en tu ministerio, y te apoyarán cada vez más a medida que
vayan entendiendo.
Tu familia no son los jóvenes, sino el grupo de personas con las
que convives desde que naciste, por ello, merecen conocer tu
visión y llamado de Dios.
Ríe y llora con ellos, ámales, minístrales y ora por ellos.
Si eres casado(a), no descuides el amor de tu cónyuge. Comparte
con él / ella, tus ideas y visión. Háblale del llamado de Dios a
tu vida, si es posible comparte tu ministerio con tu pareja.
Aparta tiempo a solas con tu pareja y otro tiempo a solas con tu
familia (familiares e hijos)
Si eres soltero, hazle sentir a tu familia que el ministerio no
es una salida de escape ni el sustituto de la familia, mejor
dales a ellos el lugar que se merecen y aparta un tiempo para
convivir con ellos. ¡Recuerda que Dios creó primero a la familia!
Si tienes una familia no creyente en Cristo, apégate
afectivamente a ellos y demuéstrales así tu pasión por Cristo y
el ministerio que te dio. Dales un buen ejemplo, se buen hijo,
buen vecino y ciudadano. Tarde o temprano, ellos querrán ser
como tú y llegaran a los pies de Cristo por medio de tu
testimonio, recuerda la promesa y ora por ella "... serás salvo
tú y toda tu casa."
Nunca les prediques al estilo "sermón dominical", es decir, no
los sientes a escuchar tus sermones teológicos, mejor acércate
uno a uno y platícales de tus logros e impedimentos para que
vean la obra que Cristo hace en ti.
No los desprecies nunca por no creer en Cristo, ámales tal cual
ellos son para que el Señor no tenga estorbo en la obra.
Cuando alguno de ellos enferme, ora por ese miembro de tu
familia con mucha fe, talvez Dios quiera hacer una obra especial
en esa enfermedad.
Tú y el Pastor
Debes recordar que una de nuestras obligaciones como creyentes
es "obedecer a las autoridades" y eso incluye al Pastor.
Sin embargo, eso no debe quedar en obediencia solamente. Hazte
un amigo del Pastor, sus labores son parecidas a las nuestras,
pero no son las mismas.
Si consigues la amistad del Pastor, tienes su apoyo, pero no es
esa la razón principal de hacerse amigo de él, sino porque es
más fácil obedecer a un amigo que a un jefe.
Este principio lo vemos en Cristo, Él les dijo a sus discípulos
"les llamaré amigos" y mira todo lo que ellos hicieron por Él,
más aún, fíjate en lo que Jesús mismo estuvo dispuesto a hacer
por sus amigos.
Es más saludable una relación de amistad, además eso da buen
testimonio de ti como creyente.
Si tratas al Pastor como jefe, él te tratará como subalterno y
si lo tratas como amigo, él te tratará como amigo también.
Giovanni y Dinora Cabrera
|